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Entender por qué las personas mayores siguen llamando a su madre con emoción

Una persona mayor, a veces nonagenaria, que murmura « mamá » en un pasillo de un EHPAD…

Femme âgée tenant un vieux téléphone contre sa joue, les yeux fermés, dans une cuisine modeste chargée de souvenirs
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Una persona mayor, a veces nonagenaria, que murmura “mamá” en un pasillo de una residencia de ancianos o en medio de la noche no expresa un capricho. Este comportamiento, observado tanto en personas con enfermedad de Alzheimer como en ancianos sin diagnóstico de demencia, responde a un mecanismo psíquico preciso: el retorno a la figura de apego primaria cuando el cerebro pierde sus referencias temporales y relacionales.

Comprender por qué las personas mayores llaman a su madre con emoción supone distinguir lo que pertenece a la neurología, la memoria afectiva y el contexto de vida cotidiano.

Apego primario y memoria emocional en la persona mayor

La teoría del apego, formulada por el psiquiatra John Bowlby, describe un vínculo biológico entre el niño y su figura de seguridad (la mayoría de las veces la madre). Este vínculo no desaparece con la edad. Se pone en pausa, enmascarado por las capacidades cognitivas que permiten al adulto manejar solo su ansiedad.

Cuando estas capacidades declinan, debido al envejecimiento cerebral o a una enfermedad neurodegenerativa, el sistema de apego se reactiva. La persona busca entonces instintivamente la presencia que, en sus primeros años, representaba la seguridad absoluta. La palabra “mamá” no es un llamado dirigido a una persona viva o muerta: es una petición de consuelo codificada en la memoria emocional.

Varios elementos explican por qué las razones por las cuales una persona mayor llama a su madre van más allá del simple recuerdo nostálgico. La memoria procedimental y afectiva (la de las sensaciones, las emociones, los gestos aprendidos muy pronto) resiste mucho más tiempo que la memoria episódica, la de los hechos recientes. Un paciente de Alzheimer que ya no reconoce a sus hijos adultos puede aún sentir la huella emocional del vínculo materno.

Hombre mayor sosteniendo un smartphone en un sillón, con la mirada perdida en sus pensamientos, rodeado de recuerdos familiares

Enfermedad de Alzheimer y trastornos cognitivos: cuando el lenguaje se reduce a la llamada

En las personas con demencia, los trastornos del lenguaje progresan por etapas. El vocabulario se reduce, la sintaxis se simplifica, y las palabras que permanecen son las que llevan la carga emocional más fuerte. “Mamá” es una de las últimas palabras en desaparecer del repertorio verbal.

El cerebro conserva, por lo tanto, la huella afectiva del vínculo materno mucho después de haber perdido la memoria de los eventos. Los recuerdos emocionales, anclados en estructuras cerebrales distintas de aquellas que gestionan la memoria factual, persisten mientras que el recuerdo de los hechos recientes se borra progresivamente.

Lo que la llamada expresa más allá de la palabra

Reducir estas llamadas a un “síntoma de la demencia” sería un error. La categoría de “trastornos del comportamiento perturbadores” describe el efecto en el entorno, no la función del comportamiento para la persona misma. Detrás de la palabra “mamá”, coexisten varios estados:

  • Una desorientación temporal: la persona ya no sabe cuántos años tiene y se percibe como un niño que necesita protección.
  • Una angustia relacionada con el entorno: el ruido, la oscuridad, el cambio de habitación o la ausencia de un rostro familiar desencadenan un sentimiento de inseguridad que solo el reflejo de la llamada puede expresar.
  • Un dolor físico mal identificado: cuando el lenguaje ya no permite describir un dolor, el cuerpo vuelve a la señal más arcaica, la llamada a la madre.
  • Un sentimiento de impotencia ante la pérdida de autonomía, amplificado por el aislamiento social o la soledad en la institución.

En los cuidados de fin de vida, testimonios recogidos en entornos hospitalarios y en hospicios confirman que el nombre “mamá” surge como un motivo recurrente de recuerdo afectivo, incluso en pacientes muy ancianos. Esta constatación desplaza la explicación del único registro de la demencia hacia el regreso a la figura de seguridad primaria, un mecanismo compartido por personas sin diagnóstico cognitivo particular.

Aislamiento y soledad: un amplificador subestimado

Las investigaciones recientes sobre la soledad en adultos mayores ofrecen un marco explicativo más amplio que la simple nostalgia materna. El aislamiento social crónico agrava los comportamientos de llamada, ya sea a través de llamadas telefónicas repetidas a los hijos o gritos dirigidos al personal de atención.

En la institución, las llamadas incesantes no son solo un problema individual. La literatura profesional subraya que también agotan al personal y a los otros residentes, creando un círculo vicioso: la persona que llama recibe respuestas cada vez más breves o exasperadas, lo que refuerza su ansiedad y la frecuencia de sus llamadas.

El papel del ritmo en la comunicación

Los programas de conversación estructurada para personas con demencia ahora insisten en el buen ritmo de comunicación, no solo en su frecuencia. La regularidad reconstruye un marco temporal mínimo para una persona que ha perdido sus referencias. Un intercambio predecible, con un horario estable, aporta un anclaje que los contactos espaciados y aleatorios no pueden ofrecer.

Dos hermanas mayores sentadas en un jardín de otoño, mirando juntas una vieja foto de su madre con emoción

Responder a la emoción en lugar de corregir el discurso

Decir “mamá ha estado muerta desde hace mucho” a una persona que llama a su madre provoca un duelo nuevo en cada repetición. El cerebro afectado por la demencia no retiene la información factual, pero registra perfectamente la angustia emocional causada por el anuncio. La persona olvidará la frase, pero no el dolor que ha sentido.

La validación emocional consiste en acoger el sentimiento expresado sin contradecirlo. Ante un familiar que llama a su madre, una respuesta adecuada reconoce la necesidad subyacente: “Estás pensando en tu mamá, ella significaba mucho para ti.” Esta formulación no afirma que la madre esté viva, pero tampoco fuerza un recordatorio de la realidad que la persona no puede integrar.

Algunos principios guían este enfoque:

  • Validar la emoción antes de cualquier intento de distracción o reorientación hacia el presente.
  • Utilizar un tono de voz calmado y un contacto físico suave (mano en el hombro) para reproducir la sensación de seguridad buscada.
  • Observar lo que precede a la llamada (cambio de entorno, dolor, momento del día) para identificar el desencadenante real y responder concretamente.

La llamada a la madre en una persona mayor no es ni un regreso a la infancia en sentido literal, ni un signo de que la relación con los seres queridos actuales ha fracasado. Es el último lenguaje disponible para expresar una necesidad de seguridad cuando todos los demás códigos han sido borrados por la enfermedad o la edad. Acoger esta palabra como una señal en lugar de como un problema a resolver cambia la calidad del acompañamiento, tanto para la persona como para su entorno.

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