
El aspecto de las amígdalas durante un examen clínico orienta al profesional, pero nunca decide por sí solo entre origen viral y bacteriano. Comprender lo que abarcan los términos “angina blanca” y “angina roja” supone ir más allá de la simple descripción colorimétrica para indagar en la fisiopatología subyacente y los límites de la inspección visual.
Eritema difuso o depósito purulento: lo que realmente muestra el examen orofaríngeo
La angina eritematosa (llamada roja) se caracteriza por una mucosa amigdalar uniformemente inflamatoria, con un eritema difuso, un edema de los pilares y una hipertrofia bilateral de las amígdalas. No se observa ningún exudado en la superficie.
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La angina eritemato-purulenta (llamada blanca) añade a este cuadro un depósito blanquecino punteado o en placas sobre las criptas amigdalares. Este depósito corresponde a una mezcla de fibrina, células necróticas y polimorfonucleares, no a “pus” en el sentido quirúrgico del término.
Observamos regularmente que la descripción aportada por el paciente (“tengo puntos blancos en la garganta”) no siempre correlaciona con lo que el examen encuentra. Un simple recubrimiento salivar espeso, un caseum amigdalar crónico o una candidiasis orofaríngea pueden imitar el aspecto purulento. La distinción requiere una iluminación adecuada y, a menudo, un abatelenguas para visualizar el polo inferior de las amígdalas.
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Para visualizar mejor cómo se ve una angina blanca o roja, un soporte fotográfico comparativo sigue siendo más fiable que cualquier descripción textual.
Angina viral o bacteriana: por qué el color no guía el diagnóstico

El aspecto rojo o blanco de la garganta no permite distinguir una angina viral de una angina bacteriana. Las recomendaciones actuales de la HAS son categóricas en este punto, y insistimos en este dato porque sigue estando mal integrado en la práctica habitual y en la mayoría de los contenidos dirigidos al público general.
Un estreptococo beta-hemolítico del grupo A (SGA) puede provocar una angina estrictamente eritematosa, sin ningún depósito blanco. Inversamente, una mononucleosis infecciosa (virus de Epstein-Barr) produce frecuentemente un exudado purulento impresionante, a veces confundido con una angina estreptocócica.
Otras etiologías posibles de un aspecto “blanco” de las amígdalas:
- La candidiasis orofaríngea, especialmente en pacientes inmunodeprimidos o bajo corticoterapia inhalada, genera un recubrimiento blanquecino difuso que a menudo se extiende más allá de las amígdalas hacia el paladar y la lengua.
- La angina de Vincent (fusospirilar) provoca una ulceración unilateral cubierta por un recubrimiento grisáceo, con aliento fétido y estado general conservado.
- El caseum amigdalar crónico, benigno, se presenta en forma de concreciones blanco-amarillentas en las criptas, sin fiebre ni inflamación periférica.
La consecuencia clínica directa: la prescripción de antibióticos nunca debe basarse únicamente en la inspección visual. La prueba rápida de orientación diagnóstica (TROD) estreptocócica sigue siendo la clave del árbol de decisión.
Síntomas comunes y signos discriminantes entre angina roja y blanca
El cuadro clínico básico es compartido. Dolor de garganta de aparición rápida, disfagia (dolor al tragar), fiebre variable, adenopatías cervicales sensibles. Estos signos no permiten distinguir las dos formas.
Algunas matices merecen atención:
- La angina eritematosa viral se acompaña más a menudo de signos rinofaringeos asociados (rinorrea, tos, disfonía), que traducen un compromiso difuso de las vías respiratorias superiores.
- La angina purulenta estreptocócica comienza frecuentemente de manera brusca, con una fiebre alta sin signos de rinitis, dolores abdominales en el niño y a veces un rash escarlatiniforme.
- La mononucleosis infecciosa con angina blanca se acompaña de una asténia marcada, esplenomegalia y adenopatías difusas, no únicamente cervicales.
En niños menores de tres años, la angina por SGA es rara. La mayoría de las anginas en este grupo de edad son virales, independientemente de su aspecto. De hecho, el TROD no se recomienda antes de los tres años.

TROD estreptocócico y puntuación de McIsaac: herramientas del diagnóstico diferencial
La puntuación clínica de McIsaac combina cinco criterios (fiebre superior a 38 °C, ausencia de tos, adenopatías cervicales anteriores, exudado amigdalar, edad) para estimar la probabilidad de una infección por SGA. Una puntuación baja hace poco probable la etiología estreptocócica y exime del TROD.
El TROD detecta los antígenos del SGA en pocos minutos en una muestra orofaríngea. Su especificidad es alta: una prueba positiva justifica la antibioterapia. Una prueba negativa, en ausencia de un contexto particular, permite tranquilizar y prescribir únicamente un tratamiento sintomático.
Recomendamos no prescribir antibióticos “por precaución” ante una angina blanca sin confirmación microbiológica. La sobreprescripción de amoxicilina basándose únicamente en el aspecto purulento sigue siendo un problema de salud pública, contribuyendo directamente a la resistencia a los antibióticos.
Complicaciones de la angina bacteriana no tratada
La angina por SGA no tratada expone a complicaciones locorregionales y sistémicas. El flemon periamigdalino se manifiesta por un trismus, una desviación de la úvula y una voz “de papa caliente”. Requiere un drenaje de urgencia.
Las complicaciones postestreptocócicas (reumatismo articular agudo, glomerulonefritis) se han vuelto raras en los países de altos ingresos, pero justifican por sí solas la estrategia diagnóstica rigurosa en torno al TROD. La ventana terapéutica para prevenir el RAA permanece abierta hasta nueve días después del inicio de los síntomas, lo que deja tiempo para confirmar el diagnóstico antes de tratar.
La angina viral, cualquiera que sea su presentación, se cura espontáneamente en pocos días. El tratamiento se basa en analgésicos y antipiréticos. Los antiinflamatorios no esteroides a dosis antiinflamatorias deben evitarse, ya que aumentan el riesgo de complicaciones supurativas.
Distinguir una angina blanca de una angina roja sigue siendo un ejercicio semiótico útil, pero la pregunta clínicamente pertinente no es “¿qué color?” sino “¿qué germen?”. Solo el TROD, combinado con la evaluación clínica, permite responder con la rigurosidad que la situación exige.